martes, 28 de octubre de 2014

Contando la semana en 52 semanas: Horizonte



Un horizonte de silencio

Aquella mañana fría y temprana, ligera de equipaje y con el silencio envolviendo su mirada, Ana se marchó; despacio y en calma fue caminando sin rumbo y sin destino, dejando atrás caras y gentes, calles y avenidas, pueblos y ciudades, en busca de una luz que languidecía. Por fin, llegó hasta el horizonte donde la tierra y el mar se funden formando el cristal de un mismo cielo, entonces se paró, y buscó, pero ya no encontró nada, tan solo un nuevo y limpio amanecer.





 Esta semana Sindel  nos ha invitado a contar la semana desde el Horizonte:

lunes, 20 de octubre de 2014

Contando las semanas en 52 palabras: Agua

Por primera vez, y antes de que termine el año y se me acaben las oportunidades, he querido participar en las semanas de Karina Sindel, que tan bellos textos he podido apreciar que generan. La de este lunes está dedicada al agua, y yo sencillamente no he podido resistirme en regalárselo a ese lugar, entonces sereno y especial, que tanto me inspiró: la Playa de la Malvarrosa de Valencia. Sirva este breve extracto de Sueños de escayola como afectivo recuerdo: 


AGUA

Recuerdo que mi mejor momento del día ocurría bien temprano, tras la visita de don Álvaro y después del desayuno. Todas las mañanas me detenía junto al muro de piedra para contemplar el horizonte del mar en calma. Tan solo duraba unos segundos, un par de minutos en el mejor de los casos, pero la imagen de paz y de serenidad que me transmitía aquella estampa, de alguna manera me daba la fuerza y el ánimo necesario para sortear esos días en los que me sentía tan perdido. Todavía hoy, cuando cierro los ojos, soy capaz de percibir con extraordinaria nitidez aquellas sensaciones que me infundían el espumillar de las olas al romper en la orilla de la playa, el olor a salitre picando mi nariz y el sonido del agua desparramándose por la arena. La melancolía y la soledad que tanto me estremecían, no me restaban la capacidad de apreciar que aquel lugar donde se encontraba el sanatorio de la Malvarrosa era realmente magnífico; un entorno, entonces descuidado pero bucólico, donde el clima benigno de la Valencia mediterránea brillaba con esplendorosa luz bajo un intenso cielo turquesa, e iluminado por un sol cálido y limpio que generosamente invitaba a vivir. La fría intensidad del otoño iba restando viveza al ambiente, acortando las horas de sol y de terraza, pero mantenía un punto agradable de luminosidad y encanto que nosotros tratábamos de alargar cuanto podíamos, para demorar en lo posible el momento en que se cerraban las puertas y ventanas del sanatorio.

sábado, 4 de octubre de 2014

Sueños de escayola ya en Amazon



Bueno, amigas y amigos, por fin ha llegado el momento. Hoy es el día que sale publicado Sueños de escayola, y siento como las millones de mariposas que revolotean incansables por el interior de mi estómago, llevan las patitas bien cargadas de mi propia satisfacción.           
Cuando comencé a gestar la idea de escribir esta novela nunca tuve la certeza de si sería capaz de concluirla, pero por fin es una realidad. Ha sido mucho el tiempo transcurrido desde que decidí alejarme para iniciar este proyecto y no pocas las veces en las que pensé en abandonar. A veces escocía demasiado lo que necesitaba contar, pero el objetivo lo tenía claro y yo siempre fui muy cabezota.
Imagino que como primera obra larga que es estará plagada de defectos, pero confío en que estos queden compensados por la cantidad de emoción y cariño que he necesitado derramar para llenar todas y cada una de sus páginas, de vaciar mis sentimientos y de arrancar en ocasiones trocitos de mi alma para ponerla a disposición de esta historia. Puedo afirmar que Sueños de escayola no ha salido de golpe, si no que lleva germinando en mi interior desde hace mucho tiempo, probablemente toda mi vida, que es el tiempo que llevo conviviendo con la polio. 
Gracias de corazón a todos cuantos han colaborado para que este libro saliera a la luz, apoyándome, abriéndome puertas y relatándome sus propias experiencias, y en especial a dos personas que volví a encontrar 43 años después. 
Este es el enlace de Amazon desde el que podéis descargar Sueños de escayola:

Sueños de escayola en Amazon en España

Y cómo por medio de Facebook me ha llegado el interés de personas que viven fuera de España, coloco también este otro enlace por si a alguien le es más cómodo acceder:

 Sueños de escayola en Amazon para el resto del mundo

Como ya he comentado, de momento solo está disponible en esta plataforma digital. Ahora la labor es intentar que estos sueños puedan ver la luz en formato de libro en papel, Yo en el fondo soy un romántico y lo que más me gusta es poder tocar, oler y sostener entre mis propias manos un libro. Si lo podré conseguir, solo el tiempo lo dirá.

Un abrazo a todos.

sábado, 30 de agosto de 2014

Sueños de escayola

Esta entrada no es para publicar un relato de los jueves, sino para dar a conocer el título y la sinopsis de mi primera novela, la que me ha tenido entretenido y retirado durante tantos meses.
En realidad supongo que ya no es un secreto en lo que andaba enredado, en mi otro blog ya colgué una entrada que llevaba a la entrevista que mi amigo Luis Bernardo Rodríguez me hizo allá por el mes de febrero y donde ya adelantaba cosas.

La historia que tengo terminada se llama "Sueños de escayola" y la sinopsis es la siguiente:

Durante las décadas de los años 50 y 60 una terrible epidemia asoló el mundo. Era el virus de la polio, silencioso y cruel, que se cebó casi exclusivamente con la población más indefensa, los niños.
Miles murieron y los que sobrevivieron quedaron con terribles secuelas paralíticas para siempre.
Muchos fueron recluidos en sanatorios y hospitales, a veces durante años.

Esta es la historia de Pablo, uno de aquellos niños. Una historia dura, de lucha y de superación, de lágrimas y de dolor, pero también de risas, de amistad y de esperanza.
Una historia de vida… 
 
"Tras los sueños de escayola, nos queda la vida"


Efectivamente, "Sueños de escayola" es la historia de Pablo, un niño ingenuo de diez años que padece polio, motivo por el que será ingresado en el sanatorio de la Malvarrosa  de Valencia durante casi un año; pero también es la de Ceferino, El Cordobés, Daniel, sor Manuela, don Álvaro y la de tantas personas que tuvieron que convivir con una enfermedad terrible como fue la Poliomielitis.

Con “Sueños de escayola” he querido traer a la luz un tema difícil, que hoy parece casi olvidado, la epidemia de polio que asoló el mundo y en especial España durante aquellas décadas aciagas de los 50 y 60. El tema que trata es crudo, lo sé, muchas familias pasaron un auténtico calvario, y las secuelas fueron terribles, pero la historia está protagonizada básicamente por niños y llena de momentos de sencillez, humor, aventura, melancolía...
Sor Manuela diría:
̶ Los niños lloran, aman, juegan, exploran y rompen cosas porque están aprendiendo a conocer el mundo, no lo hacen para molestar, ni tampoco para probar nuestra paciencia, simplemente es la esencia de la infancia. Por eso, y quizás en mayor medida, estos niños, nuestros niños, también hacen travesuras porque, a pesar de los muros, a pesar de la lejanía con sus seres queridos, a pesar de su enfermedad y de tanto como sufren, a pesar de todo eso, ellos también son solo niños, y como tal se comportan.


Y yo añadiría: sea cual sea su condición, solo buscan la felicidad intentando vivir.


Son muchas las personas e instituciones con las que estoy en deuda, y dentro de las páginas del libro las cito a todas, pero aquí y ahora quiero expresar mi agradecimiento más profundo a un puñado de ellas que han sido imprescindibles para el resultado final de esta novela: a Conchín, Irene y Laura, las chicas que comparten mi vida; a Elena Torres, Verónica Marsá, Teresa Oteo, Mª José Gómez, Ramón García, Jaime Cruañes, Javier Gramaje y sor Mercedes Gómez. Muchas gracias de corazón.

En pocos días subiré la portada que está diseñando mi hija Irene. También algún otro extracto, un videobook que montaré y las novedades que puedan surgir como la publicación en Amazon, que será pronto, mientras espero el maná de una editorial que lo desee lanzar en papel.

Podéis seguir el día a día y comentar cuanto queráis en Facebook: Sueños de escayola


¡Hasta pronto!

jueves, 14 de agosto de 2014

Todos los jueves relato: Virus



Esta semana Mª José Moreno del blog Lugar de Encuentro nos propone escribir sobre un tema tan de actualidad como son los virus. Yo he querido participar con un relato algo antiguo, que escribí para aquel proyecto tan especial, que tantos puntos en común tiene con esta convocatoria y en el que tantos jueveros participaron, como fueron las Crónicas de la Muerte Dulce. He escogido uno, adaptandolo algo, que más o menos se acerca a la extensión requerida (aunque se pasa un poco)
De paso aprovecho para invitar a leer la  antología a quien no la conozca; lo puede descargar en todos los formatos y de manera gratuita en la siguiente dirección:
Crónicas de la Muerte Dulce





 El Prado 

Fue al sentir aquel intenso cosquilleo en las manos cuando realmente tomó conciencia de que el fin ya estaba cerca.
En las últimas semanas había ido siendo testigo de cómo sus seres queridos iban marchándose. Su familia, sus amigos, todos, a la mayoría se los llevó el virus de la muerte dulce, otros, impacientes, no quisieron esperarla. Ahora le había alcanzado a él.

Durante muchas largas horas permaneció acurrucado en un rincón de su habitación, antes compartida y tan llena de vida y ahora vacía y silenciosa. Tenía miedo ante lo que iba a venir y lloró por su desgracia, que era la desgracia de la propia humanidad. Fue entonces, consciente de su soledad, de aquella impenetrable y angustiosa soledad que le rodeaba, cuando se dio cuenta de que ahora más que nunca, necesitaba el calor y la cercanía de otros seres humanos.
Sin pensarlo demasiado salió a las desoladas calles y buscó desesperadamente un coche que funcionara. El suyo hacía tiempo que se había quedado sin gasolina y conseguirla ya era imposible desde hacía muchas semanas. Cuando lo encontró condujo con desesperación. Desde los primeros tiempos de la propagación de la plaga, corría el rumor de que grupos de personas se reunían en un lugar llamado “El Prado” para despedirse confraternizados.
Quería, necesitaba desesperadamente creer en esa leyenda, deseaba con todas sus fuerzas que existiera un lugar como ese, no podía comprender que todo terminara así, en el más absoluto vacío y abandono. Durante los últimos tres días no había hablado ni visto a nadie, porque ya no quedaba nadie, y necesitaba desesperadamente el calor y el abrazo humano más que ninguna otra cosa. No le importaba morir, pero de repente la posibilidad  de hacerlo, sólo y en un mundo que ya no existía, le ahogó hasta casi paralizarle la respiración.
    
Condujo durante varias horas sin saber muy bien cuanto ni hacia donde, únicamente sabía que tenía que dirigirse al sur, hasta que finalmente, cuando ya desesperaba, encontró un gran valle y en todo su alrededor… PERSONAS. Emocionado dejó el coche y echó a correr. Cuando se acercó pudo comprobar que apenas había un centenar que paseaban por la hierba y entre los árboles. Todos iban cogidos de la mano y en pequeños grupos; unos más grandes, de hasta ocho o diez personas, otros simplemente eran parejas, pero ninguno caminaba solo. Nadie gritaba, tampoco se oían rezos desenfrenados, no se escuchaban súplicas ni maldiciones, simplemente eran hombres y mujeres, también niños, algunos llevaban sus mascotas que sin duda les sobrevivirían, que hablaban o jugaban y sobre todo esperaban lo que era inevitable.

Una joven de unos veinte años y un hombre de aproximadamente sesenta se le acercaron y le ofrecieron sus propias manos - ¿Te ha alcanzado la muerte dulce? – preguntó con suavidad el hombre. - Hace unas quince horas – respondió él.
Por los claros ojos de la joven resbalaron algunas lágrimas, pero ninguno de los dos  dijo nada, simplemente abrazaron su mano y los tres comenzaron a caminar juntos y lentamente por entre la hierba.

En el atardecer de aquel jueves estuvo paseando entre los árboles de aquel prado agarrado a la mano de aquellos dos desconocidos; pocas horas después la muerte dulce también se lo llevaría, pero lo verdaderamente maravilloso fue que ya no tuvo miedo, tampoco se sintió solo.


Más relatos sobre virus en el Lugar de Encuentro de Mª José

jueves, 24 de julio de 2014

Todos los jueves relato - La máquina del tiempo


La última era

 ¿Ya estás aquí cielo?  ̶ preguntó el hombre distraídamente al escuchar cómo el fondo de la habitación era sacudido por una especie de temblor eléctrico. Mientras, se afanaba en escurrir con la espumillera una abundante dosis de patatas fritas que acababan de alcanzar un lustroso dorado, después de un buen baño en aceite caliente. Tras salir crepitando de la sartén, las fue depositando, junto a otras muchas igualmente morenas y sabrosas, dentro de un tosco plato de plástico hondo.
̶ Si cariño, ya he llegado  ̶ respondió la mujer, bajando sudorosa del vehículo que había aparecido como por ensalmo y del que comenzó a salir una buena cantidad de humo que ella trató de retirar agitando las manos.
̶ Entra directa a la ducha y no pises demasiado, que me he pasado toda la tarde limpiando  ̶ gritó por encima del ruido generado.
̶ ¡Vaaale!  ̶ respondió esta.    
̶ ¿Qué has hecho hoy?  ̶ se interesó, mientras paseaba por el cuarto obviando la advertencia de su atareado marido. Luego rozó su mejilla con los labios y se sentó en una silla detrás de él.
̶ Ya te lo he dicho, limpiar a fondo la habitación para prepararla. A partir de este fin de semana tenemos que ocuparnos de tu madre ¿O es que ya no te acuerdas que cierran el asilo por los recortes?  ̶ Alzó los ojos al cielo.
̶ ¡Cómo no me voy a acordar! Pobre mamá, a pesar de  su demencia senil lleva muy bien sus 125 años. Pero quería saber si has entregado el currículum al bufete ese que buscaba abogados.
̶ Claro que lo he llevado, pero han dicho que la plaza ya ha sido ocupada hace un mes. Me han aconsejado que no pierda el tiempo aquí, que busque otra edad. Creo que en la época victoriana ha quedado una vacante. Sir Alistair Steward tiene gota y ha decidido jubilarse.
̶ ¿Y tendrías que ponerte una de esas enormes pelucas blancas?  ̶ Rió
̶ Sí, y toga negra, y subirme a lo alto de un estrado de dos metros y medio  ̶ hizo una mueca silenciosa, simulando una carcajada.
̶ Pues podrías ir mañana a ver si hay suerte. Con mi sueldo casi no llegamos a fin de mes.
̶ ¡Querida! solo tenemos un teletransportador, por si no lo sabes Y ya hay que pasarle la ITV; cualquier día te paran entre dos dimensiones y lo requisan. ¿Qué haría entonces yo sin ti?   ̶ Añadió, girándose y mirándola a los ojos con dulzura. 
̶ Pues algo habrá que hacer, porque así no podemos seguir. Si nos retrasamos solo un mes pueden echarnos de la habitación.
̶ Es que esto está imposible. Muchos se quedan a vivir cerca del trabajo cuando lo encuentran, sobre todo si es en el pasado. Allí todo es bastante más barato  ̶ confirmó el hombre, retirando otra paletada de patatas fritas.
̶ Por eso todos piensan en marcharse. Y el futuro todavía está mucho peor que ahora. Nadie quiere ir allí a trabajar  ̶ argumentó la mujer.
̶ Porque ya no queda; todo está masificado. Cada vez son más la gente que desea salir y cruzar la barrera. En las noticias no dejan de explicar cómo las mafias controlan los cayuspaces a pesar de los medios que pone el gobierno del exomundo. Pero también que las Patrullas de Laser del Tiempo cada vez son más difíciles de burlar. Dicen que ahora desintegran todo cuanto toca; pero aun así esos pobres desgraciados se las ingenian tratando de atravesarlos y buscarse la vida. Yo no sé para qué se molestan en venir aquí, si no hay trabajo para ninguno de los doce mil millones que vivimos en este siglo XXII.
̶ Muchos de aquí también emigran a otras épocas buscando algún empleo  ̶ respondió ella comprensiva.
 ̶ Yo he pensado en probar en los principios del siglo XXI. Me han dicho que allí todo es diferente.
̶ No sé. A mí me han contado que fue por ese tiempo cuando comenzaron a surgir las jornadas de quince horas a cambio de techo en un barracón compartido y una comida diaria. Nadie programa esos años en sus computadoras espacio-tiempo  ̶ dudó la mujer.
̶ Ya has vuelto a quitarme otra idea de la cabeza. Pero si tú lo dices será verdad, que para eso te pasas el día moviéndote por todos los períodos conocidos  ̶ reconoció resignado.
̶ Somos afortunados a pesar de todo ¿verdad? Tenemos una habitación propia, ropa, comida todos los días, incluso una vez al mes podemos descargar una película de la nube virtual   ̶ dijo ella mimosa mientras lentamente iba retirándose el mono que la vestía.
̶ Pues claro que sí  ̶ confesó él, con una suave sonrisa  ̶ de momento podremos aguantar bien. Tienes un buen contrato de trabajo fumigando insectos en todos los ministerios de la última era. Fue una suerte que te decidieras por acabar la carrera de ingeniería química con aquel master en la universidad privada de tu jefe, el diputado Gospedal. Tuviste buen tino  ̶ el hombre comenzaba a sentirse feliz, aunque no tanto ante lo que su mujer parecía sugerir en ese momento.  ̶  Pero bueno, no te pongas insinuante que todavía no es la hora del amor. Además, las patatas fritas se van a enfriar.


Más historias del espacio-tiempo surgen en los mandos programados desde la bitácora de María José Moreno